Mr. Wonderful y su positividad  invalidante.

La positividad de Mr. Wonderful es un arma poderosa pero también puede ser invalidante y desmoralizar y debilitar a la persona. ¿Hay un lado oscuro en la positividad Mr. Wonderful?. Según han comentado diferentes psicólogos, las frases de Mr. Wonderful son un reflejo del estilo “si quieres, puedes”, del poder absoluto de la fuerza de voluntad.

El “si quieres, puedes” está profundamente arraigado en nuestra sociedad. Por eso precisamente ha triunfado Mr. Wonderful y su positividad ¿Quién de vosotros no lo ha escuchado?, ¿Quién no lo ha dicho/pensado/creído alguna vez?. Aquellos que lo dicen entienden que es una manera de motivarse, pero paradójicamente también puede tener el efecto contrario, invalidar a la persona al hacerle sentir que “no tiene la fuerza de voluntad que debería de tener” o bien que no sabe cómo conseguirla, porque ¿Dónde se compra la fuerza de voluntad? 

Yo particularmente, me quedé sorprendida cuando leí en el libro fundacional de la Terapia Dialéctica Conductual (DBT) a Marsha Linehan afirmando que la frase “si quieres, puedes” refleja una forma de “invalidación” habitual de las familias “típicas”. Siguiendo esta línea argumental Mr. Wonderful y su positividad es altamente invalidante. 

Las familias “típicas” son las que idealizan el esfuerzo y que se mueven mayoritariamente por el principio de “si quieres, puedes”. Es verdad que este mensaje es adecuado en muchas ocasiones y para muchas personas. Lo que resulta inadecuado es plantearlo como “un principio” de actuación, es decir, como el único argumento que explica lo que uno consigue. Tampoco es adecuado aplicarlo para todo, es decir, de igual manera cuando un niño aprende unas matemáticas que le gustan, que cuando se pone nervioso al salir a la pizarra o se siente rechazado por los demás. Respecto a las emociones, las familias “típicas” entienden que sus miembros se sientan mal, pero esperan de ellos que sean capaces de controlarse. Esta expectativa del autocontrol, aplicada de forma repetida, se acaba convirtiendo en una exigencia y aplicada a personas con alta vulnerabilidad emocional se convierte en una META INALCANZABLE.

Los adultos tienen la función de enseñar a los hijos a “autocontrolarse”, pero los padres y madres de las familias “típicas” no se dan cuenta de que sus hijos necesitan una ayuda adicional para lograr lo que otros hacen de forma automática. El entorno exige el autocontrol como si fuera fácil, pero sería como pedirle a un diabético no medicado que no se desnivele si se ha comido un pastel de chocolate.