¿Cómo me ha ayudado la Terapia Dialéctica Conductual o DBT?  Para mi ha habido un antes y un después de la psicoterapia DBT. He sufrido toda mi vida desde que puedo recordar: de niña, de adolescente, de joven y de adulta.

Empecé a hacer psicoterapia a los 21 años. Y nunca paré, excepto cuando pensaba que estaba bien y que no lo necesitaba. 

Me ayudó mucho, pero llegaban a mi vida nuevas experiencias que no sabía cómo procesar y volvía a la casilla número 1 del Juego de la Oca en segundos, y me quedaba allí largas temporadas: primero meses, luego años. La tristeza, el miedo, la vergüenza me atenazaban.

Vivía en Nueva York desde 1985. Un día, agotada de sentirme mal, llamé al Departamento de Psicología del Hospital Mount Sinai y la mujer que tomó el teléfono me escuchó. Al terminar me dijo: «Creo que describes TLP». Era el año 2001.

Busqué un lugar donde hacer DBT y estuve dos años en un aprendizaje intensivo en grupo varias horas al día en el Hospital Saint Luke’s Roosevelt. Lentamente mi vida fue cambiando.

¿Cómo me ayudó la Terapia Dialéctica Conductual o DBT? ¿Qué hizo que no habían hecho las otras psicoterapias? Ordenar todo el lío de sentimientos y comportamientos en tres simples áreas: relaciones interpersonales, regulación emocional y tolerar el malestar extremo. Me dio vocabulario para identificar cada situación de malestar y trucos para revertir las situaciones parcial o totalmente y volver a salir a flote.

En 2005 regresé a Barcelona y en 2015 empecé a hacer psicoterapia (DBT) de nuevo y aquí estoy: trabajando, sacando un hijo adelante y cuidando de mi mamá. Todavía quedan cosas por resolver. Todavía llegan experiencias que no sé procesar… pero con lo que he ido aprendiendo y con la Terapia Dialéctica Conductual o BDT estoy más tranquila y lentamente más feliz. 

Clara C.