El TLP se caracteriza por la desregulación emocional y la autolesión es una forma de gestionar la desregulación.

Las autolesiones nacen en el contexto de emociones intensas y difíciles de controlar, es decir, en un contexto de desregulación emocional severa. En el TLP la desregulación emocional es el núcleo y da lugar a otras desregulaciones, entre ellas la conductual y ahí encuadramos la autolesión (cortarse, quemarse, darse golpes…) como forma de dejar de sentir.

Las autolesiones son hijas de las emociones, pero ¿qué son las emociones? Son reacciones automáticas y aprendidas a estímulos internos y/o externos. Según el modelo cognitivo conductual de la DBT, pensamiento, emoción y acción forman un trío inseparable.

La palabra emoción lleva implícita la acción en cuanto etimológicamente proviene de “emovere” que indica “mover hacia” y adquiere todo su sentido en la medida en que favorece la adaptación y supervivencia del ser humano en su entorno. Por ejemplo si voy por la calle sola a horas extremas y oigo unos pasos, el miedo que sentiré me ayudará de diferentes maneras. En primer lugar me servirá para protegerme de un robo y poder salir corriendo hacia un lugar seguro; en segundo lugar si me paro a pensar sobre este miedo veré que me informa de algo de mi, por ejemplo que aunque quiero actuar como mis amigas, aún no estoy preparada. Y, por último, si alguien me ve correr podría ayudarme, lo cual indica que el miedo tiene un función comunicativa, relacional.

Las emociones nos motivan para actuar y nos hacen sentir vivos. Solemos buscar emociones positivas y evitar las negativas, pero todas las emociones son útiles y tienen una función. No hay emociones malas o buenas. Lo sano es poder tenerlas todas. Nos ayudan a adaptarnos a las situaciones, porque nos dan información sobre lo que nos rodea y sobre nosotros mismos (el miedo nos avisa de un peligro, la ira de lo que no nos gusta) y nos ayudan a comunicar con los demás.

Cuando predomina la desregulación emocional la persona no dispone de los recursos necesarios para manejar las emociones, no puede distanciarse de ellas. Imaginemos que vamos al baño a lavarnos las manos y el grifo se ha estropeado. El agua sale sin control y tampoco podemos regular la temperatura. La primera reacción es de sorpresa y de preguntarnos “qué ha pasado? si este grifo iba bien”. Rápidamente nuestra mente nos lleva a “¿Qué hago”. Tenemos que encontrar una solución pero mientras el agua está saliendo. Intentando solucionar el problema puede que hagamos lo primero que se nos ocurra y puede que acertemos (cerramos la llave de paso) o que no (si ponemos un barreño, necesitaremos muchos y por tanto es una solución a medias).

Igual que el agua descontrolada, cuando las emociones intensas invaden a la persona la activan y le generan un malestar y sufrimiento que necesita dejar de sentir. Si la persona tiene TLP es generalmente un acción impulsiva la que le ayuda a calmarse. Por eso, `por paradójico que pueda resultar, la autolesión es una acción reguladora cuando no s ha aprendido otra forma de hacerlo. Tiene una función adaptativa, aunque su eficacia es limitada. Sólo es útil en el cortísimo plazo y pasados 5 minutos aparecen todos los problemas que significa autolesionarse: culpa, baja autoestima, vergüenza, sensación de retroceso, enfado, desesperanza, tristeza, ganas de aislarse.

La DBT dispone de diferentes medios para tratar la autolesión. En la psicoterapia individual se destaca el valor adaptativo de la autolesión y se valida que la persona recurra a ella y en la psicoterapia en grupo o entrenamiento en habilidades DBT se le enseñan formas alternativas de gestionar las emociones y que no tienen consecuencias negativas La DBT nunca va a regañar ni a culpar a la persona por autolesionarse , va a intentar entender que le ha llevado a esto y como puede conseguir los mismos efectos (calmarse, desahogarse…) de otra forma.