Determinar qué es lo que conduce a las personas al terrorismo no es una tarea fácil. Por una parte, es poco probable que los terroristas se ofrezcan voluntariamente como sujetos experimentales y examinar sus actividades desde lejos puede llevar a conclusiones erróneas. Es más, el terrorista de un grupo es el luchador de la libertad de otro, como atestiguarán los millones de árabes que apoyan a los terroristas suicidas palestinos.

Dadas estas complejidades, los investigadores admiten que la psicología del terrorismo está marcada más por la teoría y la opinión que por la verdadera ciencia. No obstante se están empezando a reunir datos confiables que indican que el terrorismo se ha de interpretar en términos de procesos políticos y de grupo unido a principios psicológicos universales, como nuestro miedo subconsciente a la muerte, nuestro deseo de un sentido de identidad más fuerte y la tendencia a la idealización.
Los hallazgos de los psicólogos sugieren que reducir el miedo de las personas a la aniquilación cultural, poner de relieve nuestra humanidad común y demostrar la discrepancia entre el sueño y la realidad de la participación terrorista podría evitar los actos terroristas.
El atractivo del terror
Durante años, los psicólogos examinaron las características individuales de los terroristas, buscando factores que pudieran explicar su disposición a participar en actos violentos. Mientras que los investigadores ahora están de acuerdo en que la mayoría de los terroristas no son «patológicos» en ningún sentido tradicional, varias ideas importantes se han recogido a través de entrevistas con unos 60 ex terroristas conducidos por el psicólogo John Horgan, PhD, que dirige el Centro Internacional de Estudios sobre Terrorismo de la Universidad de Pennsylvania.
Horgan encontró que las personas que son más propensas al reclutamiento y radicalización terrorista tienden a:
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Sentirse enojado, alienado o privado de sus derechos.
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Creer que su participación política actual no les permite hacer cambio real.
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Identificarse con las víctimas percibidas de la injusticia social por la que luchan.
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Sentir la necesidad de actuar en lugar de simplemente hablar sobre el problema.
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Creer que la participación en la violencia contra el Estado no es inmoral.
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Tener amigos o familiares simpáticos a la causa.
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Creer que unirse a un movimiento ofrece recompensas sociales y psicológicas como la aventura, la camaradería y un mayor sentido de la identidad.
Más allá de las características individuales de los terroristas, Horgan ha mostrado que intervienen otros procesos. Así en una entrevista mantenida con ex terrorista, este relató que se sintió atraído cuando era adolescente por la promesa de una vida mejor o dirigida por unos ideales, pero pronto descubrió que sus compañeros tenían valores sectarios, y se horrorizó cuando mató a su primera víctima. “La realidad de la participación choca con la expectativa que les crean a los jóvenes», dice Horgan.
Muchos psicólogos creen que el terrorismo se ve con mayor precisión a través de la visión política. El psicólogo Clark McCauley, PhD, co-investigador de START y director del Centro Solomon Asch para el Estudio del Conflicto Etnopolítico en el Bryn Mawr College, ha llegado a considerar al terrorismo como «la guerra de los débiles», el medio por el cual grupos que carecen de poder material o político luchan contra lo que ven como fuerzas opresivas. Como tal, cree que las acciones terroristas y las reacciones gubernamentales a ellos representan una interacción dinámica, con los movimientos de un grupo influyendo en los del otro.
A través de docenas de estudios, el equipo de Pyszczynski ha demostrado que el miedo subconsciente a la muerte induce a las personas a defenderse psicológicamente con medios que tienen poco que ver con el problema de la muerte como el apego a sus identidades culturales y hacer todo lo posible para defender los valores de su cultura.(Por el contrario, los investigadores han demostrado que cuando las personas son conscientes de forma clara y directa de su mortalidad aumenta su intención de participar en comportamientos que mejoren la vida, como ejercicio).
Investigaciones adicionales realizadas por el codirector del START, Kruglanski, arrojan luz sobre el papel que una «mentalidad colectivista» puede tener en el terrorismo. Sus encuestas de miles de personas en 15 países árabes y otros, encontraron que los musulmanes que tienen una mentalidad más colectivista son más propensos a apoyar los ataques terroristas contra los estadounidenses que aquellos con inclinaciones más individualistas. Por otra parte la psicología ha mostrado que las personas con menos éxito en la vida tienen una mayor tendencia a apoyar ideas colectivistas y apoyar los ataques contra los estadounidenses. Los hallazgos sugieren que unirse a grupos terroristas puede conferir un sentido de seguridad y competencia que la persona no siente como individuo, dice Kruglanski.
En un sentido más global, el miedo a la aniquilación cultural puede ayudar a alimentar los sentimientos terroristas, dice el psicólogo y experto en terrorismo Fathali Moghaddam, PhD, del departamento de psicología de la Universidad de Georgetown. Moghaddam sostiene que la rápida globalización ha obligado a las culturas dispares a ponerse en contacto unas con otras y esto hace que algunas se sientas amenazadas. «Se puede interpretar el terrorismo islámico como una forma de reacción a la percepción de que el modo de vida fundamentalista está amenazada y a punto de extinguirse»,
¿Qué medios ayudarían a promover actitudes pacifistas? Según Pyszczynki ha mostrado en sus estudios, las actitudes de violencia hacia los otros pueden ser cambiadas si se les recuerda un problema humano común. Así dice Pyszczynki «La nota realmente alentadora es que incluso en medio de un conflicto con su propia gente, los recordatorios de la mortalidad y una causa común reducen el apoyo a la guerra y aumentan el apoyo a la pacificación».
Estudiar la desradicalización
En el mundo real, los psicólogos también están explorando la eficacia de las iniciativas que tienen lugar en países como Egipto, Irak, Arabia Saudita, Singapur y el Reino Unido que buscan suavizar los corazones y las mentes de los detenidos terroristas. En la investigación preliminar, Kruglanski y sus colegas observan que muchos de estos programas comparten:
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Un componente intelectual, a menudo involucrando a clérigos musulmanes moderados que mantienen diálogos con detenidos encarcelados acerca de las verdaderas enseñanzas del Corán sobre violencia y jihad.
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Un componente emocional que contrarresta la ira y la frustración de los detenidos mostrando auténtica preocupación por sus familias, a través de medios tales como financiar la educación de sus hijos o ofrecer capacitación profesional para sus esposas. Este aspecto también aprovecha el hecho de que los detenidos están cansados de su estilo de vida y encarcelamiento.
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Un componente socialque aborda la realidad de que los detenidos a menudo reingresan a sociedades que pueden reavivar sus creencias radicales. Un programa en Indonesia, por ejemplo, utiliza antiguos militantes que ahora son ciudadanos respetuosos de la ley para convencer a los ex terroristas de que la violencia contra civiles compromete la imagen del Islam.
Dada su propia experiencia hablando con ex terroristas, Horgan es cauteloso acerca de cuánto esperar de estos programas. En su estudio reciente, descubrió que algunos de estos esfuerzos no sólo carecen de criterios claros para establecer lo que constituye el «éxito», sino también que la actual desradicalización raramente es una característica de tales programas-que los ex terroristas pueden reincorporarse a la sociedad y mantener la participación en acciones terroristas, pero mantener sus creencias radicales «No hay evidencia que sugiera que el abandono del terrorismo necesariamente da lugar a la desradicalización».
Fuente: Tori DeAngelis es un escritor en Syracuse, N.Y.
Bibliografía:
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Horgan, John. «Walking Away from Terrorism» (Routledge, 2009).
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Horgan, John, «Leaving Terrorism Behind» (Routledge, 2008).
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Moghaddam, F.M. (2007). Multiculturalism and Intergroup Relations: Psychological Implications for Democracy in Global Context. Washington, DC: APA.
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Pyszczynski, T.A., Solomon, S. & Greenberg, J. (2003). In the Wake of 911: The Psychology of Terror. Washington, DC: APA.
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Moghaddam, F.M. & Marsella, A.J. (Ed.). (2003). Understanding Terrorism: Psychosocial Roots, Consequences and Interventions. Washington, DC: APA.
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