Hablamos anteriormente de cómo son las lesiones, lo que repercuten en la vida y qué manifiestan, pero ¿Con qué frecuencia aparece este tipo de comportamiento?

 

Es difícil definir realmente la frecuencia en la que se puede dar una autolesión, pero lo cierto es que en una persona que sufre de trastorno de límite de la personalidad, la frecuencia puede llegar a ser mucho mayor debido al cambio constante de emociones y a la intensidad de las mismas.

A pesar de ello, es muy importante que se diferencia una persona que se ha hecho una autolesión y que lo hace con frecuencia a una persona que se ha querido suicidar. Por supuesto que en muchas ocasiones las consecuencias y las intensiones van de la mano, pero no siempre es así. Puede que una persona necesite llamar la atención pero que al momento de realizar la autolesión, como la necesidad de dolor es lo que alivia el sentimiento, necesite ir a más y por lo tanto puede llegar hasta el suicidio.

La gran mayoría de personas que se están autolesionando quieren dejar de hacerlo pero por muchos motivos no pueden lograrlo. Lo mejor siempre es poder solicitar ayuda al respecto con el fin de reducir los riesgos de lesión que existen. Pero sabemos que en muchos casos, este pedido de ayuda nunca llega.

Como familiares, prestar atención a las conductas, podría ser una forma activa de ayudar y por supuesto hablar, comunicarse y que la persona sepa que no está sola.

Hacer uso de la respiración como técnica para la relajación y para evadirse de los pensamientos, dirigir la atención hacia otra cosa, contar hasta 10, hacer alguna actividad que nos llame la atención, etc son algunas de las pequeñas herramientas que puedes aplicar con el fin de conseguir evitar las autolesiones en el trastorno de límite de la personalidad y en cualquier otro tipo de persona.

No dudes en solicitar ayuda. No eres la única persona que sufre de ello.