¿Habéis reflexionado sobre el estigma que a lo largo de la vida puede acarrear un usuario del sistema de salud mental, cuando buscando ayuda en el circuito sanitario queda “fichado” como paciente psiquiátrico?.

A partir del momento en que entra por la puerta del sistema, se va a ir construyendo una pesada losa que va a llevar el resto de su vida, incluso más allá de su recuperación o de que ya no sea usuario del sistema. La discriminación se puede extender a casi todos los ámbitos sociales: familiar, laboral, de amistades, de pareja, judicial, educativo. Y lo que es más paradójico, al propio sistema sanitario. 

El Pre-juicio se normaliza y se tolera. Veamos algunos ejemplos: 

 

  • Una madre que ha estado en tratamiento en salud mental se separa de su pareja y tiene hijos menores, sus informes clínicos se convierten en una preciada arma arrojadiza contra ella, utilizada sin pudor por abogados, exparejas o familiares, dándole un valor de prueba inculpatoria que podría pesar más que los hechos o dejarla sin credibilidad.  

 

  • Un paciente con historia psiquiátrica visita otra especialidad médica. El profesional, al tener acceso a su historia clínica, podría presuponer que los síntomas que presenta están relacionados con su problema emocional y volverlo a remitir a salud mental.

 

  • Una persona que tiene que coger una baja laboral por salud mental ha de inventarse cualquier otra dolencia para que nadie sospeche.

 

  • Si alguien tiene un certificado de disminución en base a algún trastorno mental, tendrá que pensarlo muy bien a la hora de utilizarlo en el ámbito laboral para no quedar estigmatizado.

 

  • Cuando un usuario tiene que revisar su baja laboral en una mutua por motivos de salud mental, es muy probable que se le cuestione, a veces de forma invalidante (“a ti no te pasa nada…”) la veracidad de su problema. 

 

  • O Las personas que consultan por problemas de salud mental en los centros de atención primaria reciben prioritariamente tratamiento farmacológico y tienen menos probabilidad de acceder los programas de psicoterapia específicos para su trastorno o intervenciones psicosociales basadas en la evidencia.

 

  •  Prácticas inadecuadas y experiencias negativas con la enfermedad mental y la búsqueda de ayuda hacen que las personas se sientan indefensas y a veces avergonzadas. Esto les llevará a un rechazo al uso de estos dispositivos o de los servicio de salud mental, lo cual puede agravar sus problemas psíquicos  y/o generales.

 

Por todo esto, los profesionales de la salud mental tenemos la obligación de reconocer la necesidad de un cambio de paradigma en salud mental y ser proactivos para acabar con el estigma en las estructuras organizativas .

Existen algunas pocas propuestas al respecto, que promulgan una mayor concienciación de lo profesionales de salud mental sobre como sus actuaciones están condicionadas por prejuicios y pueden perjudicar al consultante hasta otras más extremas que proponen hacer un uso más equilibrado de farmacología y psicoterapia, con unos recursos específicos y una formación muy distinta a la actual.  

 

Algunos ejemplos de este cambio de paradigma son:

 

  • Las terapias de tercera generación: La DBT (Terapia dialéctico-conductual) defiende un trato no juicioso, transparente y no jerárquico con el consultante. Los profesionales formados en DBT han de entrenarse para no juzgar a los consultantes, validarlos y estar dispuestos a aprender de ellos, confiando en su potencial.

 

  • Iniciativas como la del psiquiatra Fran Sans (mirar enlace).

 

  • La experiencia del hospital Asgard en Noruega (primer hospital psiquiátrico libre de psicofármacos).

 

  • El Proyecto Antiestigma en el Mundo Sanitario de Obertament (PAMS) es es un programa creado con el objetivo de mejorar la calidad asistencial de las personas con un problema de salud mental. 

 

Si todos ponemos nuestro pequeño grano de arena podemos combatir el estigma de forma eficaz.

 

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