Por Beatriz López

Impacto madres narcisistas en TP – El maltrato silencioso.

En el marco terapéutico de la DBT y de la teoría biosocial, los entornos invalidantes desempeñan un papel muy importante como factores etiológicos que favorecen el desarrollo de trastornos de personalidad.

En concreto nos ocuparemos en este escrito del tipo de la invalidación que ejercen madres y padres con un perfil autoritario y narcisista. Utilizaremos el término “narcisista” como un patrón general sin entrar en que haya o no un diagnóstico.

El impacto que ejerce el tipo de vínculo y de apego de estos padres en sus hijos es muy determinante en la configuración de su autoestima, identidad y nuevos vínculos interpersonales en el futuro. Constituye un factor de riesgo para el desarrollo de trastornos de personalidad de todo tipo.

Cuesta bastante identificarlo, entenderlo y aceptarlo; sobre todo cuando sucede en familias aparentemente estructuradas porque es algo que sucede de puertas adentro. Es un tipo de invalidación sutil y sistemática que va minando poco a poco pero de forma muy dañina.

En nuestra experiencia clínica hemos podido observar que el impacto es también diferente si se trata de la figura de la madre o del padre.

La figura de la madre suele generar vínculos tóxicos y patológicos que afectan a la autoestima e identidad; mientras que la figura paterna puede generar más bien relaciones conflictivas y agresivas, que afectan a la sensación de seguridad y pueden dar lugar al desarrollo de un miedo intenso, hipervigilancia y alerta.

Hemos recogido los testimonios de seis pacientes (cuyas madres y/o padres presentaban este perfil) a cinco preguntas:

 

1- Describe alguna situación o vivencia de la infancia relacionadas con tu madre / padre que te haya quedado especialmente grabada. Destaca alguna que fuera especialmente dolorosa o incomprensible para ti en el momento en que sucedió.

S.P:

“Mi madre me perdía en el supermercado y yo tenía que buscar una oficina de seguridad. Recuerdo el miedo al pensar que no quería volver a verme. Cuando me recogía siempre llegaba acompañada de la policía, riéndose”.

“Mi madre me pedía que no fuese con mi padre porque ella se quedaba sola. Luego me dejaba sola en casa”.

“Con cuatro años me metieron en una escuela de natación. Entré en un equipo de mayores. Terminaba de noche y tragaba mucha agua, así que al volver a casa no tenía hambre y me dormía en la cena. Siempre me caía bofetada; pero estaba tan cansada que no me importaba.

“La primera vez que me enviaron con seis años a Alemania, mi madre me prometió que si ocurría algo solo tenía que decírselo y volvería a casa o ella iría a por mí. No mantuvo su promesa. Nunca más esperé protección”.

M.C:

“La primera vez que actué en la obra de El Violinista en el Tejado y hacía de una casamentera judía, me gané un premio a la mejor actuación de musicales del año en el Colegio Campoalegre. Al final de la obra me tiraron flores y cuando me bajé del escenario, mi madre se acerca a mí y me da un gran abrazo felicitándome, a lo que me dice “¡Qué bien lo has hecho, hija! Pero te equivocaste en una línea, ¿cierto?”.

“En el 2014 tuve un accidente de coche con mi padre porque él no estaba en condiciones de conducir, dimos varias vueltas de campana, yo quedé inconsciente y me sacaron del coche, lo primero que dijo mi padre al llegar al hospital era que si su contrabajo y su acordeón lo cubría el seguro, que eran nuevos y caros”.

 “Cuando de pequeña me portaba mal, la amenaza de mi madre era que me iba a enviar a un reformatorio. Yo no comprendía el término ni la gravedad de esa amenaza y cuando le pregunté me respondió que eso era que unos hombres grandes y corpulentos me iban a agarrar a la fuerza y me iban a llevar a un sitio del que no podría salir ni verla más a ella. Esta amenaza me petrificaba de miedo”.

A.R:

“Recuerdo vívidamente los momentos en que mi madre se ausentaba, dejándome sola en casa, o cuando me insistía en acompañarla a pesar de mi reticencia. Cada vez que le pedía algo, sentía una profunda incomodidad, como si mi petición fuera una carga. Esto me llevaba a meditar cuidadosamente cómo formular mis preguntas o solicitudes para evitar cualquier posible enfado por su parte”

“Un día que me quedé llorando en un rincón de mi habitación, justo después de que mi madre se fuera de fin de semana. En ese momento, deseaba no haber nacido y me preguntaba por qué me había tenido si no quería estar conmigo y le suponía una molestia”.

M.M:

“De pequeña recuerdo tener enfados muy fuertes con mi madre, por imponerse muy autoritariamente conmigo y sentir que no me validaba nunca y luego culpabilizarme y castigos”

“Recuerdo en la adolescencia descubrir que cartas que me enviaban amigos, las abría y tiraba …”

L.S:

“Recuerdo que mi padre siempre me metía mucho miedo y me amenazaba con contar mis problemas. Esto me daba verdadero pánico”

“Mi madre reaccionaba con fastidio cada vez que yo mostraba alguna emoción o malestar”

S.A:

“De niño mi padre me llamaba despistado y manos blandas (a causa de que se me caían los objetos).

“En mi infancia, lo que más me preocupaba, aparte del malhumor y los ataques de ira de mi padre, era ser valiente y no tener miedo. Me sentía un niño temeroso. Intentaba no hacer nada que pudiera contrariar a mi padre, cosa que me obligaba a perder casi mi personalidad para evitar sus ataques de ira. Con siete u ocho años me interpuse entre mi padre y mi madre mientras el primero la agredía, sin yo poder hacer nada. Tuve que obedecer a mi madre que me decía que me fuese”.

“Mi padre era rígido y creía tener siempre la razón sin ser capaz de aceptar las críticas”.

 

2- ¿Hay alguna situación de la que hayas sido consciente más tarde y que en su momento la tuvieras normalizada?

 

S.P:

“Mi madre odiaba que cantara delante suya. Decía que le daba dolor de cabeza. En general, cualquier actividad que me produjese bienestar se convertía en un arma contra mí.

“Era una niña silenciosa y me perdía en la lectura. Cuando un género literario me gustaba y pedía más libros, me lo cambiaba. Nunca lo entendí. Igual ocurría con cualquier asignatura el colegio, si me entusiasmaba por algo me decía que me iban a llamar loca. Me daba verdadero pánico perder la noción del tiempo con alguna actividad, pensaba que me iban a encerrar. Y procuraba no hacerle preguntas porque las ridiculizaba”.

M.C:

“La violencia latente por parte de mi padre, el hecho de que cualquier mínima cosa, en el momento más inesperado produjese en él una reacción tan violenta que no sabías en qué iba a terminar aquel episodio; si te iba a pegar, a gritar o a romper cosas. Me acostumbré entonces a estar en un modo alerta CONSTANTEMENTE en donde no podía relajarme ni un momento, el cortisol lo tenía por las nubes todo el tiempo y eso era “normal”»

A.R:

“Que sintiese envidia de mi.. mi padre me contó cómo le miró un día que llegó a casa y él y yo estábamos jugando y riendo cuando aún era pequeña.

También normalicé la supresión de mis emociones en su presencia, por miedo a que las menospreciara. Si me sentía contenta, me sentía mal, porque ella me observaba con una mirada diferente, cargada de juicio”.

M.M:

“Hasta que no inicie psicoterapia a los 17 a no me di cuenta del vínculo patológico y dificultades de personalidad de mi madre y empezar a entender que no era un monstruo… estaba entonces muy inhibida, baja autoestima, desvalorizándome y sintiéndome muy culpable…”

L.S:

“Normalicé el mensaje que recibía de mis padres de que todo era peligroso y amenazante fuera de casa y que yo no era ni sería capaz de valerme por mí misma”

“Normalicé que mi padre decidiera por mí lo que tenía que estudiar sin contar con mi opinión”

 

3- ¿Hay alguna frase de tu madre que aún te afecte a día de hoy o se haya convertido en una creencia para ti?

 

S.P:

“No recuerdo una sola frase. Pienso que debo hacer las cosas mejor que nadie sin disfrutarlas y sigo pensando que es mi deber hacer más y mejor. Mis habilidades nunca harán que alguien me quiera porque siempre podría hacerlo mejor”.

M.C:

“La insatisfacción constante, dureza y exigencias de mi madre me han atormentado toda la vida impidiéndome así hacer las cosas por miedo a fracasar; El alcance de esta perfección es una ilusión, pero bajo aquel prejuicio me crié: “Siempre pudiste haber hecho las cosas mejor.” En mi carrera como artista esto sigue muy latente aunque entienda que la carga de mi madre ya no es la mía. No tengo la creatividad como antes”.

A.R:

“Lo estropeas todo, no sabes hacer nada.. no hables así…, eres poco práctica..”

L.S:

“Tú, ver, oír y callar” “¿Ya estás otra vez llorando?»

“Eres débil. Yo a tu edad….”

“Tu madre está mal por tu culpa”

 

4- ¿Cómo describirías la relación con tu madre /padre?

 

S.P:

“Tenemos una relación distante. Hasta el fallecimiento de mi padre, mi madre ha utilizado el gaslighting, alegando que las acciones y las conversaciones por las que se le pide responsabilidad nunca tuvieron lugar.  Comencé a hacer videos para probar los engaños, eso la ha desconcertado y la evidencia ha desarrollado un odio evidente hacia mí”.

“Mi madre ha utilizado y sigue utilizando el doble vínculo para invalidar, confundir y controlar. Por ejemplo, pide que le quiera, pero no me quiere cerca. O pide que haga el mejor examen pero que no me guste el temario. En sus demandas siempre hay dos imperativos en conflicto, ninguno de los cuales puede ser ignorado.  Plantea una disyuntiva insoluble. Eso le ha permitido controlar, ya que cualquier demanda imposible de cumplir se convertía en un fracaso”.

“Ahora no permito que me meta en ese círculo destructivo y ello la desespera cuando ve que no consigue desequilibrarme. Se llena de un odio y rabia que no puede esconder y estalla en ira”.

M.C:

“Ahora que estamos lejos, la relación se ha ido equilibrando. Sin embargo podría decirse que ha sido una relación en la que ella siempre se ha puesto por encima mío; ella tiene el poder, ella manda, ella decide hasta las más mínimas cosas, revisaba mis objetos personales y mi vida privada. Se podría decir que ahora de adulta, ahora que ya no me invalida haciéndome creer que estoy enferma y estoy mal, no se siente cómoda al no descalificarme del juego en el que ella siempre ha ganado. Ahora que “estoy bien” intenta más bien competir conmigo de manera sigilosa e indirecta.  Actualmente estoy embarazada y se empeña en mi físico y en que no engorde. Me lo repite una y otra vez, diciendo que ella sólo engordó lo justo”.

“Cuando tenía relación con mi padre, era una relación de poder; él siempre tenía que mandar sobre mí; mientras yo más agachara la cabeza, lo admirara como un perro, más cariño recibía, y si hacía lo que a él le parecía bien, si pensaba como él, era una garantía de que me daría muestras de cariño”.

A.R:

“Distante, fría, opresiva. Constantemente me siento cohibida, incapaz de ser yo misma, como si fuéramos dos extrañas a pesar de nuestro vínculo familiar”.

M.M:

“Era una relación patológica en la que yo dependía de ella con un apego inseguro pero al mismo tiempo la odiaba por no tener ninguna empatía conmigo. A los 18 me fui de su casa y fue un proceso muy doloroso. Mi madre con antecedentes familiares también traumáticos, se desarrolló con una personalidad narcisista/obsesiva y rasgos paranoides”

S.A:

“Con quince años aproximadamente, en uno de sus momentos de mal humor le lancé a mi padre una silla a la cabeza, con la suerte de darle a una lámpara antes. Desde ese momento comenzó a respetarme, pero yo ya había desconectado emocionalmente de él y prácticamente sólo le hablaba con monosílabos. Durante mucho tiempo le guardé un gran rencor. Sabía que padecía algún trauma o desequilibrio, pero nunca se diagnosticó”.

L.S:

«La relación con mis padres es ambivalente, no tengo confianza con ellos ni recibo validación, seguridad ni cariño. Pero al mismo tiempo me siento muy dependiente, responsable de que estén bien y muy culpable cuando me dicen que los disgusto.»

 

5- ¿Qué aspectos de tu autoestima y de la forma de relacionarte crees que se han visto afectados y condicionados por el vínculo con tu madre?

S.P :

“Sigo pensando que no puedo controlar mis pasiones, así que no permito que nada me guste demasiado. También sigo pensando que nada que haga será jamás suficiente para alguien que me pide resultados. Lo creo firmemente. No porque no sea capaz de dar algo valioso, sino porque no soy capaz de frenar la necesidad de complacer. Eso crea en la relación un círculo vicioso destructivo para mí. Para evitarlo, no me vinculo afectivamente cuando percibo que se espera rendimiento de mi”.

“Ahora rechazo emocionalmente a cualquier persona que me pida resultados. De forma radical, simplemente no permito que se cree un vínculo afectivo. También rechazo cualquier actividad en la que perciba que surgen expectativas externas”.

M.C:

“Mi autoestima por su puesto. Tanto mi madre como mi padre. Mi madre retándome de mujer a mujer, a ver quién llega más lejos, quién hace el mejor esfuerzo y quién está más cerca de la perfección. Mi padre casi lo mismo, sobre todo en mi carrera como músico; podía tocar bien, podía cantar bien, pero JAMÁS me acercaría a su nivel, jamás sabría más de algo que él, el “spotlight” siempre lo tenía que tener él, que no me fuese a equivocar de sitio. En resumidas cuentas, he vivido con ambos una relación de retos, en la cual el juego que se estaba jugando lo tenían que ganar ellos, con su brillantez cada uno por su lado. Mientras yo aceptara que ellos ganaban yo me aseguraba de no perder su “cariño” si es que se puede llamar así”.

A.R:

“El vínculo con mi madre ha condicionado profundamente mi autoestima y mis relaciones. Como primera opción, siento una desconfianza inherente hacia los demás y me cuesta abrirme por miedo a ser herida. Mi diálogo interior está marcado por un juicio constante, una hipervigilancia y un perfeccionismo agotador, con la creencia arraigada de que nunca seré lo suficientemente buena o haré las cosas suficientemente bien”.

S.A:

“De toda esta experiencia vital de mi infancia he desarrollado un apego inseguro, con lo cual mi expectativa del otro es que me puede hacer daño. Por suerte esto fue compensado por mi madre con sobreprotección, produciendo una educación ambivalente, dicotómica, inestable, que me generó retraimiento en la relación con los otros. En mi casa se decía que el mundo exterior (fuera de la familia) era malo y se contraponía al mundo interior (familia), bueno, pero que en realidad alternaba con momentos buenos y con momentos de infierno incomprensibles. En definitiva, creo que he desarrollado un cierto apego inseguro desorganizado”.

M.M:

“Creo que lo que más ha afectado en mi desarrollo son las dificultades de relaciones interpersonales mediadas por un apego inseguro. Otros aspectos de mi personalidad mejoraron mucho con ayuda psicoterapéutica precoz, creo…”

L.S:

“Soy una persona retraída, con muchos miedos e inseguridades, me cuesta tomar decisiones, me dejo llevar por las opiniones de los demás y no confío en la mía.

Tengo mucha ansiedad y a veces pánico en situaciones interpersonales y de exposición a los demás. En mis relaciones de amistad o sentimentales he establecido relaciones ansiosas, de sumisión y dependencia buscando desesperadamente lo que no tenía con mis padres”

Como se puede observar a través de los diferentes testimonios hay aspectos en común, tanto en la experiencia emocional temprana como en las consecuencias negativas en la autoestima, la desregulación emocional y los vínculos. Se repiten las experiencias tempranas marcadas por el sentimiento de no ser suficiente, de no sentirse válido, importante ni respetado, de indefensión, confusión y miedo.

Los efectos en la autoestima y en los patrones de apego suelen dar lugar a baja autoconfianza y a patrones de apego inseguros y ansiosos. Las emociones más desreguladas serán la vergüenza, la culpa y el miedo

El primer paso para poder reparar estos daños es ser consciente de cómo se han forjado, indagar en las historias y antecedentes familiares para entender e identificar las proyecciones y los conflictos que se han transmitido de generación en generación. Es importante tomar distancia emocional y hacer el duelo de lo que hubiéramos deseado y no hemos tenido de nuestros padres. La aceptación y el cambio: salir de los círculos viciosos y protegerse.