Todavía hay un largo camino por recorrer antes de que seamos una sociedad mentalmente positiva y libre de estigma. Muchas personas aún no piensan en las enfermedades mentales de la misma manera en que lo hacen sobre el cáncer o la diabetes. Todavía hay dificultades para obtener tratamiento básicamente por la falta de recursos y hay prejuicios y estereotipos a nivel social.

La salud mental se ha beneficiado de la apertura que han vivido otras realidades sociales y en general las personas aceptan mejor la psicoterapia y la psicofarmacología que antes; los millennials y la Generación Z están más dispuestos a hablar sobre la salud mental que los Baby Boomers y la Generación X. Lentamente, tal vez demasiado lento, pero con firmeza, la marea está cambiando y es necesario catalizar estos cambios desarrollando campañas concretas para luchar contra el estigma social en todas sus formas.

Corrigan y Penn (1999) han sugerido tres enfoques para reducir el estigma público: denuncia, educación y contacto.

En primer lugar, la denuncia. Los psicólogos y otros profesionales de servicios de salud mental deben manifestar su objeción a las representaciones inexactas de la psicoterapia y los clientes en los medios de comunicación. Los psicólogos tienen derecho a objetar. Las representaciones de la terapia en los medios son a menudo negativas, lo que es particularmente problemático porque la mayoría de las personas tienen poco contacto con los terapeutas reales (Orchowski et al., 2006).  Por lo tanto, los psicólogos tienen la responsabilidad de denunciar los retratos estereotipados y con frecuencia inexactos de la terapia. Si aquellos de nosotros que conocemos la terapia y su efectividad no lo hablamos, ¿quién lo hará?

En términos de educación, se necesita información precisa sobre la psicoterapia para ayudar a reducir el estigma público. Los esfuerzos educativos pueden tomar muchas formas, incluyendo libros, videos, cintas de audio, carteles, anuncios. Incluso los programas educativos breves han demostrado tener  efectos a corto plazo en las actitudes de las personas (Pinfold et al., 2003). Se han implementado varias campañas de educación pública a gran escala en todo el mundo. Un ejemplo actual es la campaña «Real Men, Real Depression» del Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH, por sus siglas en inglés), que utiliza anuncios de amplia base (impresos, radio y televisión) para educar al público sobre los hombres y la depresión. Esta campaña está tratando de llegar a los hombres que podrían no buscar ayuda para la depresión.

Finalmente, el contacto. Esta es una de las formas más efectivas de cambiar el estigma. Aquellos que tienen más contacto con personas que han experimentado una enfermedad mental tienden a estigmatizarlos menos (Angermeyer et al., 2004). En general, el contacto parece tener el mayor efecto cuando la persona (a) tiene al menos el mismo estado, (b) se percibe como un miembro del grupo y (c) es simpática (Corrigan y Penn, 1999). Por lo tanto, tener personas famosas, como los deportistas o las estrellas de cine, es una forma en que se puede normalizar la búsqueda de ayuda.

La revelación de los famosos sobre sus vivencias personales ha sido uno de los avances más positivos en la salud mental en la última década.

Demi Lovato y el Príncipe Harry han formado parte de grupos de defensa y campañas contra el estigma. La ex primera dama Michelle Obama habló sobre la importancia de la atención de la salud mental, especialmente para los veteranos y las personas de color. Los atletas, incluido el jugador de la NBA Kevin Love , llamaron la atención sobre la salud mental en el mundo del deporte. Este tipo de actitud animó al actor Chyler Leigh a hablar sobre su propia experiencia con el trastorno bipolar. La estrella de «Supergirl» y «Grey’s Anatomy» se asoció recientemente con Be Vocal, una iniciativa que alienta a las personas a hablar sobre la salud mental.

 

En España apenas hemos iniciado la lucha contra el estigma. Felicitamos a asociaciones como Obertament que está trabajando en la línea sobre todo de la educación y del contacto.

Nos gustaría:

– Que las personas que han vivido algún trastorno compartan sus experiencias, tanto si son famosas como si no lo son.

– Que los medios de comunicación sigan las consejos de las guías oficiales para hablar de temas relacionados con salud mental, ya que en muchas ocasiones crean alarma y rechazo.

– Que haya más educación sobre salud mental, evidentemente adaptada a las diferentes edades. Por ejemplo en la primeras etapas escolares incluir actividades de trabajo directo de la educación emocional (nombrar las emociones y aprender a gestionarlas)

– Que la información que se transmite sobre temas de salud mental sea fidedigna, científica y a la vez humana y que contribuya a eliminar estereotipos y mitos sobre lo psíquico.

– Que se desarrollen y apliquen políticas de inserción profesional de personas con dificultades mentales, ya que sabemos que ciertas adaptaciones -por ejemplo en los horarios les permiten sentirse útiles y productivos.